Spanoulis, la eterna maldición del CSKA

 

Vassilis Spanoulis, penetrando ante Vorontsévich, en el Sinan Erden, SEDAT SUNAEFE

El Olympiacos arruina por cuarta vez una Final Four al campeón ruso, que no defenderá en Estambul su corona

El genio de Larissa, que no había anotado en juego, resucito en el desenlace para la quinta final en ocho años de los del Pireo

Hay frustraciones que mil años duran, bestias que hacen temblar con su sola presencia, en el tiempo y el lugar preciso, que provocan tal pavor que paralizan. La leyenda negra del CSKA revivió este viernes en el Sinan Erdem ante Olympiacos, su ogro particular, ese Spanoulis eterno. En idéntico escenario donde se inició hace cinco años, con la inolvidable remontada en la final que coronó el 'ganchito' de Printezis, y que continuó en las semifinales de 2013 y 2015. La cuarta no fue la vencida, ni siquiera para el campeón, de nuevo arruinado en una Final Four. [78-82: Narración y estadísticas]

Spanoulis y su grupo salvaje desplumando el lujoso proyecto ruso, un clásico en color. Los griegos cual forajidos irreductibles asaltando la diligencia. Tan consciente el CSKA de la emboscada y, sin embargo, incapaz de remediarla, como si su destino estuviera marcado de antemano. Aunque se sepa evidentemente superior, con armas para cada rincón de la pista. Dominante en todo menos en el carácter y el espíritu competitivo, lo que separa a héroes de mortales y que una vez más cayó del lado de Olympiacos, quien disputará su quinta final en ocho años, todo un hito.

Comparecían los de Giannis Sfairopoulos ya mermados, sin Hackett ni Lojevski, así que únicamente les quedaba entregarse a su principal cualidad, esa defensa que es como una enredadera que va envolviendo al rival casi sin darse cuenta. Mandaba de inicio el CSKA, pero era como si no importara. La clave era el ritmo, como avanzar en el fango, cada canasta un mundo incluso para el equipo más anotador de la competición.

Iniciativa rusa

A partir de esa partida de ajedrez, el Olympiacos tendría opciones. Lo importante era no estremecerse ante las embestidas rusas, aguantar hasta hacer emerger fantasmas y desesperar al rival. Ese plan a una sola carta iba cumpliéndose, pese a que anotar fuera un suplicio para los griegos, peor todavía con su flojísima segunda unidad, la que hizo saltar alguna alarma todavía en la primera mitad. Después de 10 puntos consecutivos de Teodosic, duda hasta última hora por problemas en su gemelo izquierdo, el CSKA puso la máxima justo antes del descanso: 40-27. Pero aquí el alma irreductible, dos triples como colofón, el de Agravanis sobre la misma bocina, para seguir latiendo.

Para a la vuelta aprovechar ese viento de cara y seguir elevando la presión, con los triples de Papanikolau como dagas, aunque Spanoulis no se encontrara: ninguna canasta en juego hasta el último cuarto. A cada momento de zozobra (60-49), la respuesta adecuada, qué exhibición de amor propio. Como antes del descanso, Agravanis y Mantzaris apuraron con dos triples para cerrar el acto (64-60), agonía para que nadie olvidara los precedentes.

Hola, dios del Basket, ¿quétal por Estambul? SPANOULIS. #Eurofighterspic.twitter.com/2JnXVpVZJy

? Movistar Basket(@MovistarBasket) 19 de mayo de 2017

El guión perfecto. Una película de suspense que aguardaba al redimido protagonista para su The End. La primera canasta de Spanoulis, que ya bailaba en la corona del ataque, fue la que arrimó a los helenos (65-64), la segunda la que empató el partido (69-69) y su primer triple, el que culminó la remontada (73-74). Era ya su show particular, con la oportuna aportación de dos zarpazos de Green. Entonces el CSKA, el campeón, era ya una estatua de sal, hechizado por los encantos del dios de Larissa. Hasta Teodosic, que erró un triple que hubiera podido cambiar su destino.

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