Camila Valdivieso: disfrutando un último ciclo de una exitosa vida dedicada al básquetbol

Escrito por Maximiliano Aguilera.

 

Alegre, risueña, esforzada y muy deportista. Camila cursa el último año de fonoaudiología en la Udla, etapa que ha sabido enfrentar desde pequeña compatibilizando deporte y estudios.

Fotografía: Diario Concepción

Corre al aro, salta y encesta con las mismas ganas que tenía cuando pequeña. Con 25 años y a punto de terminar Fonoaudiología en la Udla, Camila Valdivieso recuerda cada detalle de sus inicios en el deporte, específicamente en el básquetbol, una carrera que le ha dado grandes alegrías.

“Estaba en el colegio en Primero Básico y todas mis compañeras participaban del taller de básquetbol. Después de clases iban a jugar en las horas extra programáticas. Yo las veía e igual quería estar en la selección”, comenta, agregando que “llegué a Tercero Básico y seguían con los mismos talleres. Un día me presenté, pero había muchas más chicas. De pronto el profesor me apuntó y me escogió. Estaba demasiado feliz y empecé a entrenar tres veces en la semana; lunes, miércoles y viernes. Todavía me acuerdo que salía a las 15:20 horas del colegio y entrenaba desde ahí hasta las cinco de la tarde”.

Camila pasó a Cuarto básico y todavía formaba parte de la categoría “pre mini”, pero cuenta que el entrenador la mezclaba en entrenamientos con las “mini”. “Viajaba con ellas a Temuco, Chillán y otras ciudades. Siendo pequeña jugaba con las más grandes. Cuando eres chica se nota más la diferencia de edad y no era fácil”, señala.

Su profesor era Mario Henríquez del Colegio La Providencia de Concepción, lugar donde ella estudió desde kinder hasta completar su enseñanza media. Etapa que la hizo feliz. “Cuando chica teníamos muy buen equipo y, de hecho, estuve en la selección de Concepción, pero por motivos personales no pude seguir jugando. La mayoría de esas chicas de mi generación ahora están jugando en la UdeC o la USS. En el colegio competíamos contra los Sagrados Corazones y el Kingston College, ellos también tenían muy buenos equipos”.

¿Por qué decidió encestar y no divertirse en otro deporte? “En el colegio hacían solamente básquet, aunque igual le hago a todo. Si me dicen juguemos fútbol, vamos, lo mismo el vóleibol. Aun así, siempre he preferido el básquetbol. Me gustan los deportes y tengo habilidad para ellos, no cualquiera la tiene, yo sí”, afirma.

Su buen rendimiento en la etapa escolar le significó incluso viajes. Para ella el básquetbol era más que una actividad extra programática. “Estaba en Octavo Básico cuando jugamos el campeonato regional contra La Purísima de Chillán y perdimos. Iba a entrenar ahí todos los fines de semana, me quedaba en la casa de las chicas, entrenaba y volvía porque tenía clases. Faltábamos harto a clases porque en el Nacional jugamos una semana en Santiago. Después lo ganamos y viajamos al Sudamericano, en Argentina, específicamente en Buenos Aires. Los profesores ponían de su parte y había flexibilidad. Nunca he tenido problemas con eso. Acá la universidad destaca en los deportes, y se deja todo listo entre profesores, coordinadora y jefe de carrera”, asegura.

Su vida deportiva escolar fue intensa y agitada. “Nunca paré, solo hasta Cuarto Medio. Ahí me di un año sabático y dejé de jugar. Luego entré a la universidad, vi la rama de deporte y quise participar. Un día llegué nomás y dije ‘profe, yo juego’, él me integró y empecé”, cuenta. Su actual entrenador es Lincoyán Villacura.

Le costó decidir qué estudiar. Su idea era algo relacionado al ámbito de la salud. Lo pensó bastante y optó por fonoaudiología, camino muy distinto al que tomaron sus tres hermanos mayores. “Uno de ellos estudió teatro y se dedica a hacer obras musicales para niños, mi hermana es periodista y mi otro hermano es ingeniero civil eléctrico”, revela. Y agrega que “ya estoy en quinto año y es algo estresante, pero me ha ido bien. Tenía miedo en un principio porque llegas y te enfrentas a todos los chicos pensando ‘qué haré aquí’, pero después los fui conociendo, sé lo que siente cada uno y ahí vas experimentando”. Lo anterior, en relación al internado que realiza en un colegio diferencial en la semana, sin dejar de lado los partidos por la Udla.

Por lo mismo, ante el constante estrés y cansancio que, a veces, tiene como consecuencia la vida universitaria, Camila afirma que “el básquet me despeja ahora. Es lo único que hago para mantenerme en forma. Antes iba al gimnasio, pero ahora no tengo tiempo. Juego partidos y entreno básquet solamente”.

Y disfruta de sus últimos campeonatos a nivel Adesup. “Juego de alero o pivot, ahí voy rotando de posición. Desde que empecé este ha sido siempre un equipo nuevo donde se van integrando nuevas personas. En 2016 fuimos al Nacional en Viña del Mar. Después de ese año las reglas permiten solo una jugadora en cancha nacida en 1990 o 1991, las demás deben ser desde 1992 en adelante. Estoy dentro de las jóvenes y aún me queda el otro año, ya que doy mi examen de grado en enero. Eso ahora nos ha afectado y por ello el profesor debe ir consiguiendo niñas para seguir saliendo adelante. En la universidad cuesta encontrar chicas que se motiven más con el deporte. Tenemos fe que nos vaya bien en lo que queda. A los chicos, eso sí, les va muy bien, siempre obtienen primer o segundo lugar y viajan a los nacionales”.

Con 25 años y una vida en el deporte, repasa que “estos largos años han sido una gran experiencia. He conocido muy buenas amistades en las competencias y he encontrado grandes y exigentes profesores. Me gustaría seguir jugando y que me llamen para compartir más adelante. Me gusta juntarme con mis amigas y salir harto, viajar bastante. Es lo que más hago”.

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